Ser sacerdote ante el mundo

Ser sacerdote ante el mundo

Cuando era niño salía temprano a caminar por la playa. Lo que veía al borde de las olas me ha ayudado siempre a querer ser sacerdote: peces. Peces de todos los tamaños. Grandes y pequeños, algunos aún vivos, otros ya no.

¿Cómo mira el mundo un buen sacerdote? Imagina lo mismo que yo veía de niño, al amanecer, caminando en la playa… pero ahora piensa que todos los seres humanos somos como peces que boquean en la orilla del mar. El agua está a pocos pasos. Y estamos ahí, boqueando.

Qué situación tan incómoda… «¡me ahogo!». A veces sientes que te falta todo. 

Algunos ven con un ojo la arena, con otro el cielo «¿y el mar? ¡No existe!…(dicen) ¡no lo veo!»

Claro, no lo ves, pero sí lo oyes. Los sacerdotes nos dedicamos a tomar esos peces en nuestras manos y ponerlos en el mar… Imagínate el suspiro del pez   «¡ahhh!, ¡qué maravilla! ¡por fin en el agua! ¡por fin en el mar!»  ¡Cuántas veces he visto esto en una confesión, en unos ejercicios espirituales o una peregrinación!

¿Qué se siente entonces al tratar de vivir siendo buen sacerdote? ¿qué se siente a mirar así?… la forma más sencilla de decirlo es que a veces no te puedes dormir por la alegría.

Sí, amigos, también en estos tiempos ¡soy feliz de ser sacerdote! y creo que mis compañeros legionarios de Cristo y todos los demás sacerdotes experimentamos una gran satisfacción interior, nada banal, muy profunda, continua, muy muy especial si somos fieles a nuestra vocación. No se agota ni se erosiona porque esta satisfacción espiritual nace de haber aprendido de compartir los deseos y sentimientos del mismo Jesucristo (cosa que puedes hacer desde cualquier circunstancia, también las más duras)

Si al mirar a tu alrededor ves a tus amigos, parientes, conocidos…  como peces en la arena… pregúntate si no te gustaría ayudarles a entrar en el agua de la amistad íntima con Dios! ¿te lo imaginas? ¿ayudando a todos? ¿a cada uno?… piensa en el pez que entra en el agua. Verás qué contento te quedas. No sigas siendo ese pez que se quema en la arena caliente, ni permitas que otros lo sean: ¡acércate a un sacerdote! pídele consejo… te llevará al sitio para el que estás hecho: el mar. La relación real y auténtica con Dios.

Y si sientes un impulso a vivir esta experiencia y al ver tus manos piensas que podrías ayudar a los demás a vivir más plénamente su vida, coméntamelo aquí: «Estoy pensando en mi futuro» 

(Si te apetece profundizar un poco más te aconsejo echar un ojo a nuestra espiritualidad y a algunas experiencias)

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