¿Qué se siente al ser sacerdote y seguir la vocación?

En un minuto vas a saber lo que se siente al ser sacerdote y seguir la vocación:

Todos los hombres somos como peces que boquean en la orilla del mar. El agua está a pocos pasos. Y estamos ahí, boqueando.

Ser sacerdote y seguir la vocación
¿Qué se siente al ser sacerdote?

Qué situación tan incómoda… «¡me ahogo!». Sentimos que nos falta todo.

Algunos ven con un ojo la arena, con otro el cielo «¿y el mar? ¡No existe!…(dicen) ¡no lo veo!»

Claro, no lo ves, pero sí lo oyes. Los sacerdotes nos dedicamos a coger esos peces en nuestras manos y ponerlos en el mar… Imagínate el suspiro del pez   «¡ahhh!, ¡qué maravilla! ¡por fin en el agua! ¡por fin en el mar!»  ¡Cuántas veces he visto esto en una confesión, en unos ejercicios espirituales o una peregrinación!

A veces no te puedes dormir por la alegría

¡Soy feliz de ser sacerdote! creo que todos nosotros experimentamos una gran satisfacción interior, nada banal, muy profunda, continua, muy muy especial si somos fieles a nuestra vocación. No se agota ni se erosiona porque esta satisfacción espiritual nace de haber aprendido de compartir los deseos y sentimientos del mismo Jesucristo (cosa que puedes hacer desde cualquier circunstancia)

Si has llegado hasta aquí, dos consejos:

Primero: que no seas ese pez que se quema en la arena caliente: ¡acércate a un sacerdote! pídele consejo… te llevará al sitio para el que estás hecho: el mar. La relación íntima con Dios.

Y Segundo: si al mirar a tu alrededor ves a tus amigos, parientes, conocidos…  como peces en la arena… pregúntate si no te gustaría ayudarles a entrar en el agua de la amistad íntima con Dios! ¿te lo imaginas? ¿ayudando a todos? ¿a cada uno?… piensa en el pez que entra en el agua. Verás qué contento te quedas.

Y si sientes un impulso a vivir esta experiencia coméntamelo aquí: «Estoy pensando en mi futuro» 

(Si te apetece profundizar un poco más te aconsejo echar un ojo a nuestra espiritualidad y a algunas experiencias)

P. Miguel Segura, LC

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