Quien llama?

 

 

¿Es posible sentir la elección del Señor?

Una Persona

El Señor no llama a hacer cosas, sino a estar con Él, a ser como Él.
Por este motivo una tarea importante en el discernimiento vocacional es conocer a Jesucristo. Para algunos es la meta deseada después de haber recorrido, a veces, caminos tortuosos y en subida. Para otros es un don recibido desde siempre sin dificultades especiales ni complicaciones, de forma casi natural. Para todos debería ser la tarea más importante de la propia vida.
En tu corazón como en el de todos los hombres hay dos cuestiones fundamentales. La primera es sobre la verdad, la segunda sobre la felicidad. Dos preguntas abiertas que, si no encuentran respuesta pueden incluso causar heridas.
Pero estas preguntas encuentran la respuesta perfecta en una persona. Jesucristo, en el Evangelio de Jn 1,38 girándose hacia dos jóvenes que le seguían les pregunta: “¿A quién buscáis?”. Al final de este encuentro, en el versículo 41, los dos discípulos dirán: “¡hemos encontrado al Mesías!”.

Un amigo

Para cada uno de nosotros, Jesucristo debe ser una persona viva y con algunos atributos importantes: debe ser un amigo sincero e íntimo.
Compañero de viaje para ayudarnos a alcanzar la felicidad y la verdad.
Tu, que estás buscando su voluntad, que buscas la vocación que Él ha preparado para ti desde siempre, tienes que conocerlo íntima y personalmente. Me viene a la cabeza un principio filosófico: conocer, amar, seguir. Nadie ama lo que no conoce, ni sigue a quien no ama.
El primer impulso del corazón es justamente éste: conocer a Jesús.

El Señor

¿Recuerdas Jn 1,38? Al inicio de este encuentro el Señor era un maestro, pero al final de la jornada era para estos dos jóvenes definitivamente elMesías.
No se trata de una persona cualquiera, de un amigo cualquiera. El encuentro profundo que cada uno de nosotros debe hacer es con el Señor de la Historia.
Es un “hombre-Dios” que ha venido a este mundo por mí, ha sufrido por mí, ha muerto por mí. Me ha acompañado paso a paso durante toda mi vida. Ha obrado milagros, curaciones, conversiones. Ha querido hacerse presente ante cualquier persona sin distinciones, sin prejuicios. Al final de su vida ha abrazado la cruz. Ha muerto y ha resucitado, ascendió a los cielos y ahora está presente en cualquier sagrario del mundo.
En una escena muy sugestiva del lago de Tiberiades los discípulos, al final de evangelio de Juan, vuelven a pescar. Tampoco en esa ocasión pescan nada y al amanecer, acercándose a la orilla, escuchan a un hombre que les llama y les pregunta si tienen algún pez. Ante estas palabras el discípulo “amado” responde definitivamente y por toda la vida “¡Es el Señor!”.
Entonces ¿no será capaz de darme las gracias necesarias para que yo también le reconozca y le siga? ¿no será capaz de acompañarme en los buenos y malos momentos de mi vida? ¿no será capaz de ayudarme a darle mi respuesta?