FAQ Sacerdocio

¿Qué tengo que hacer para ser seminarista misionero?

Luis Carlos pregunta:

Padre, hace poco estuve leyendo sobre el trabajo de los misioneros en África y Asia y desde entonces no puedo quitarme de la cabeza la idea de que yo tengo que ir para allá para ayudarles y darles a conocer a Cristo. Esto confirma, además, mi inquietud por el sacerdocio. Pero no sé por dónde empezar… ¿cómo puedo llegar a ser un seminarista misionero?

Muy querido Luis Carlos,

En la historia de cada vocación es siempre maravilloso ver cómo Cristo se hace presente y va descubriendo su voluntad. Qué bueno que has sabido acoger en tu corazón esa inquietud para ser misionero y darle ese enfoque a lo que puede ser tu camino para servir al Señor.

Para ser seminarista misionero, lo más recomendable sería que te informaras si en tu país hay algún seminario para las misiones extranjeras. Si lo hubiera, quizás ahí sería el primer lugar al cual deberías acudir. Existen también los así llamados sacerdotes Fidei Donum, quienes pertenecen a una diócesis pero que son enviados por su obispo a colaborar en las misiones en algún lugar en donde se realiza la primera evangelización. Hay muchas diócesis de países de más antigua cristiandad que envían sacerdotes a una diócesis específica o un territorio de misiones concreto. Infórmate en tu diócesis para ver si existe esa posibilidad.

Finalmente, otra posibilidad sería ingresar a una comunidad o congregación religiosa misionera. Ahí te formarías y prepararías para dedicarte de por vida a la misión en el lugar al que te envíen tus superiores. Hay, a Dios gracias, muchas congregaciones dedicadas a las misiones. Sería conveniente que preguntaras en tu diócesis si hay alguna congregación misionera que puedas visitar. En la Conferencia Episcopal de tu país deben tener una lista de las comunidades y congregaciones presentes y podrías ir a visitarles para conocer más de cerca su carisma.

Además de estos elementos de carácter “práctico” está lo más importante: vive cerca de Cristo Eucaristía, de los sacramentos y pide consejo a un sacerdote de tu confianza, para que él te ayude a discernir qué es lo que Dios te pide y cuál es el lugar en el que Él desea que lo sirvas a Él y a tus hermanos.

Te encomiendo especialmente en mis oraciones en este mes de octubre, dedicado al rosario y a las misiones.

¿Qué necesito para ser diácono permanente?

Marcelo pregunta:

Soy un hombre casado desde hace 15 años. Tengo 3 hijos y una esposa estupenda. Yo tengo 38 años. Esta semana santa he estado misionando zonas rurales con Familia Misionera y Dios me ha concedido la gracia de aceptar (finalmente y después de muchos años) mi vocación a ser diácono permanente. No quiero otra cosa que ser servidor de los demás como Cristo, con la ayuda de la gracia del diaconado. ¿Qué pasos concretos debería seguir para ser diácono permanente?

Muy estimado Marcelo,

Felicidades por haber abierto tu corazón a esa invitación que Cristo te venía haciendo desde hacía ya tiempo. No cabe duda que, cuando uno comparte la fe, ésta se fortalece y el Espíritu Santo  nos toca para transformarnos y sacar amor de todo lo que hacemos.

Creo que lo primero que hay que hacer para emprender el camino hacia el diaconado es que hables con tu esposa sobre esta inquietud por recibir el sacramento del orden como diácono. Ella tiene que estar de acuerdo y estar dispuesta a que asumas las responsabilidades pastorales que este ministerio implica. Si ella prefiere que no lo hagas, habrá que orar y sacrificarte para que lo acepte, pero sin su consentimiento no es prudente dar el paso.

No obstante lo que pueda decir tu mujer, es de vital importancia que hables con un sacerdote de tu confianza, o, mejor aún, con tu obispo o alguno de sus representantes para que él te informe del proceso formativo concreto que hay que seguir para prepararse al diaconado. Esta formación incluirá aspectos de estudio de teología y algunas otras materias, pero también de formación humana y espiritual para ser un representante digno de Cristo que no vino a ser servido sino a servir.

Tu obispo, o sus representantes, te podrán dar las pautas necesarias y concretas para poder acceder al diaconado y verificar la autenticidad del llamado que Dios te hace.

En cualquier caso, intensifica tu vida eucarística y tu vida de oración en general, seguro de que ahí el Señor te fortalecerá y te dará la luz para poder seguir con alegría el camino que Él te propone.

En todo esto, no olvides tener muy cerca a María. Ella tiene una especial predilección por quienes sirven a los hermanos, como los servidores (diakonoi en griego) que en Caná prepararon el agua para que Cristo hiciera el milagro de transformarla en vino que alegró el corazón de todos los presentes con una sobreabundancia de generosidad de parte del Señor.

Que Ella te acompañe y conserve fiel en tu propósito.

¿Qué hacer en los momentos difíciles del seminario?

Ricardo pregunta:

Espero en Dios que se encuentre bien. Soy Ricardo y decidí seguir a Cristo. Entraré al seminario dentro de 4 días. Me imagino que en el seminario habrá momentos muy difíciles, tal vez de crisis de fe o, a lo mejor sentirse sin fuerzas, o incluso miedo de estar en el camino equivocado. Usted, Padre, que ya pasó por esta etapa, ¿qué me aconseja hacer en esos momentos difíciles del seminario? Gracias por su tiempo que nos dedica a los jóvenes que tenemos dudas.

Muy querido Ricardo,

Perdona que me haya tardado tanto en responderte. He estado algo atareado y apenas hoy puedo hacerlo.

En la vida del hombre, independientemente del camino que Dios le marque, siempre hay momentos buenos y momentos de prueba, horas de paz y tiempos de lucha. Pero en todos ellos debe permanecer siempre la certeza de la presencia amorosa de Dios que nos ha llamado a la existencia, ha entregado a su Hijo para salvarnos y quiere que estemos con Él para siempre en el cielo… y además que lleguemos acompañados de muchos hermanos.

En el seminario también aparecen los momentos de dificultad o de “crisis”. Pero hay que tomarlas como son. El fundador de mi congregación, el P. Marcial Maciel, escribía en una carta que a veces la estrella puede esconderse detrás de las nubes, pero la estrella sigue ahí… y a nosotros nos toca, como a los reyes magos, caminar en pos de ella aunque no sepamos a dónde nos va a llevar.

Ahora bien, esto puede sonarte un poco teórico… pero vamos a lo práctico:

  1. En los momentos de prueba, de oscuridad, hay que redoblar el esfuerzo en la oración, en la cercanía a la Eucaristía y a María. Ahí encontramos luz, consuelo, fortaleza para aceptar la voluntad de Dios. Es lo que Cristo hizo en Getsemaní y así tenemos que ser los cristianos y, especialmente, los sacerdotes y seminaristas.
  2. Estar muy cerca del padre espiritual, siendo muy abierto, confiado y sincero; lo mismo con tus superiores. En tiempos de dificultad la claridad y sinceridad son esenciales. Por lo demás, nos hacemos mucho daño si llavamos “dos libros de cuentas”.
  3. Cuando estás agitado (por sentimientos positivos o negativos) no conviene tomar decisiones importantes. Más bien hay que mantenerse en la misma ruta, y esperar a tiempos mejores. Cuando estés en paz, entonces sí puedes ver con claridad y optar.
  4. Hay una serie de cosas que no son negociables. Eso no se discute, basta. La tentación puede querer que lo pongas en la mesa de negociaciones. Ni hablar. ¿Qué cosas? Mi vocación, el amor de Dios, mi amor por la vida de gracia.
  5. Busca enamorarte de Cristo cada día más. La vida cristiana no es sólo no hacer el mal, sino sobre todo hacer el bien. Piensa más en Él, en sus intereses, en la salvación de las almas, en la Iglesia… y no tengas tiempo para pensar en ti mismo.
  6. Conságrale a María cada día tu vocación sacerdotal. Incluso, si eres valiente, pídele cada mañana, antes de las oraciones de la mañana, que te conceda 24 horas de fidelidad. Es tan poco, que no podrá no dártelo.

Tu peor enemigo, Ricardo, es el desaliento, el creer que ante una falla no puedes rehacerte. Si tienes la desgracia de caer en alguna falta, la que sea, no te desanimes, acude a la confesión y sigue fielmente lo que tu confesor te indique. Pero mil dificultades no pueden hacer nunca una duda sobre la vocación.

Espero que estas ideas te puedan servir. Cuenta con mis oraciones por tu perseverancia. Por favor, reza tú por la mía.

¿Qué es lo que puede hacer un diácono?

Hipólito pregunta:

Hace unas semanas un amigo a quien no veía desde hacía muchos años me dijo que había sido ordenado diácono en Pentecostés. ¿Qué es lo que puede hacer un diácono?

Querido Hipólito,

El diácono es un hombre que ha recibido el primer grado del sacramento del orden sacerdotal. Se le han impuesto las manos para el ministerio, es decir, para asistir al obispo y a los sacerdotes en la predicación de la Palabra de Dios, en la distribución de la comunión y en las obras de la caridad.

El sacramento lo fortalece para que pueda desempeñar estas funciones que son esenciales en la misión de la Iglesia.

Desde el punto de vista sacramental, el diácono puede bautizar, presidir en el matrimonio, celebrar las exequias, leer el evangelio y predicar en la misa, distribuir la comunión y dar la bendición con el Santísimo Sacramento. Además, reza la liturgia de las horas, por la que santifica la jornada, prestando su voz a la Iglesia que alaba al Padre.

El diácono, es, sobre todo, un reflejo vivo de Jesucristo que no vino a ser servido, sino a servir.

No dejes de encomendar a tu amigo, y pedirle al Señor que siga enviando obreros a su mies: diáconos permanentes y también muchos sacerdotes que nos alimenten con los sacramentos y con la Palabra de Dios.