FAQ dudas

Dudas iniciales

¿Universidad o seminario?

Felipe pregunta:

Desde hace tiempo tengo sin resolver la interrogante de mi vocación: convertirme en sacerdote o religioso. Tengo bastante claro que Dios me llama. Sin embargo, siempre he pensado que mis padres desearían que yo fuera a la universidad y ganara experiencia de vida antes de aplicar a algún seminario. Estoy en último año de colegio este año y me pregunto qué es lo que debería hacer. ¿Me voy primero a la universidad para madurar o más bien debería seguir mi vocación ya? Apreciaría  algún consejo para mi decisión.

Querido Felipe

No es necesario ir a la universidad antes de entrar a un seminario. Hay quienes es mejor y hasta necesario ir a la universidad primero, pero mi experiencia me dice que son los menos. Aún así, hay seminarios y ordenes religiosas que por sus propios motivos, exigen a los candidatos potenciales ir a la universidad antes de entrar. Usualmente, ellos proveen algún tipo de programa de soporte a sus candidatos mientras cursan la universidad.

Así, para responder a tu pregunta: no solo planees en ir a la universidad y decidir tu  vocación después. Trata de utilizar tu último año escolar para obtener una respuesta y tomar una decisión al respecto. Tú pareces estar pensando en una vocación. O por lo menos estas abierto a la posibilidad y te expresas bien. Así que, asumiendo que todo en tu vida es así de normal, me veo inclinado a pensar que lo tuyo es vocacional. Para responder tú pregunta de qué debes hacer, te propongo lo siguiente:

Usa este trimestre para dar pasos mas grandes para abrirte con entereza a Dios. Continúa con tus oraciones y pregúntale a Dios como puedes ayudarlo a él y al resto poniéndolo a él siempre en el centro. También para obtener información. Empieza desde el punto en que te encuentras ahora. ¿Estas inicialmente atraído al sacerdocio diocesano o a la vida religiosa? ¿Hay alguna diócesis u orden religiosa que conozcas que te atraiga más? Comienza por ponerte en contacto con ellos y ve donde te guía.

Consíguete un director espiritual. El te ayudara a escoger y ver las diferencias entre la realidad y tus sentimientos y te dará luz si es que estas muy confundido con mucha información en demasiados seminarios.

Si para final de año vez que puedes tener una vocación y estas seguro de donde deberías ir, habrás resuelto tu duda sobre la universidad. Si la diócesis u orden a la cual quieres entrar te aceptan sin ir a la universidad y tu director espiritual no ve inconvenientes en aquello, entonces ve y continúa con tu seminario sin la universidad. Si la diócesis u orden prefiere que curses la enseñanza superior primero, entonces ve a la universidad, intenta resolver los problemas financieros que aquello implica y mantente enfocado en el sacerdocio. Esto evitará que desperdicies tu tiempo en la universidad y de perder el camino de tu vocación.

Un consejo final de experiencia personal de la vida: la verdadera experiencia que queremos obtener de la vida es fuerza de carácter que necesitamos para ser leales a nuestras convicciones. Cualquier otra experiencia daña más de lo que ayuda. No tienes que ir a la universidad para adquirir esta madurez, sino que también la puedes obtener en un seminario; y un buen seminario siempre pondrá como prioridad tu madures humana. Lo que es más, dado que somos débiles y fácilmente influenciables por otros, la experiencia que los poco cautelosos acumulan en la universidad, no suele ser positiva, por desgracia.

¿Si me viene en mente que podría ser sacerdote, tengo que serlo?

Rafa pregunta:

Padre,

Hace unos días se me cruzó por la mente que a lo mejor yo podía ser sacerdote. Pero me dio mucho miedo, angustia y desde entonces ando inquieto. No es que no quiera, pero realmente no veo que sea mi vocación. Ando muy confundido. ¿Tengo vocación?

Querido Rafa,

Es normal que a un joven (supongo que eres más bien joven) se le “ocurran” las diversas opciones que le presenta la vida. Nada más normal… y entre las opciones para alguien normal está el sacerdocio.

Ahora bien, yo te invitaría a que distinguieras entre una “ocurrencia” y algo que podría ser un verdadero llamado de Dios. El hecho que te inquiete y te cause angustia, puede ser una señal de que es sólo eso, una ocurrencia. Lo mejor es que busques orar un poco más, y acercarte más a Cristo, para que encuentres nuevamente la paz de tu alma.

No te angusties por el futuro, vive el momento presente haciendo lo que Dios te pide como estudiante o trabajando, como hijo, hermano, etc. Recuerda que Él no tiene designios de aflicción sino de paz y sólo quiere hacerte feliz.

Si esta “ocurrencia” continuara, y estuviera acompañada de serenidad (aunque pueda haber luchas o resistencias por lo que puede implicar una vocación de cambio de los propios planes), convendría que buscaras el consejo de tu director espiritual para discernir de donde viene esta idea. Pero una “idea” así, no significa necesariamente que Dios quiere que seas sacerdote… pero sí que seas un joven auténtico, que aspira a ser santo, abierto siempre a hacer lo que diga más amor a Cristo y salve más almas.

Te encomiendo.

¿Sacerdote diocesano o religioso?

Paco pregunta:

Querido Padre,

Tengo claro que Dios quiere que sea sacerdote, pero estoy muy confundido y no sé si debería ser diocesano o religioso. Una parte de mí quisiera entrar a una congregación como los Legionarios de Cristo y entregarme ahí plenamente. Sin embargo, también creo que podría ayudar mucho como sacerdote en mi ciudad. ¿Es un signo de egoísmo que quiera la estabilidad del sacerdocio diocesano? ¿Cómo puedo discernir lo que Dios quiere?

Querido Paco,

Ser sacerdote diocesano y ser sacerdote religioso son ambas vocaciones hermosas, buenas y necesarias para la Iglesia. Ambas son un don que Cristo hace a su familia para que los sacerdotes cuiden su rebaño y edifiquen la Iglesia.

Tu pregunta toca un punto muy importante y delicado: ¿cómo elegir el tipo de sacerdote que debes ser? ¿En qué medida debes permitir que tus gustos y preferencias influyan en tu decisión? ¿Cuáles son las intenciones correctas para elegir una y dejar la otra?

Voy a intentar darte algunos principios que te ayuden en tu diálogo con Dios, pero creo que sería muy conveniente que busques un director espiritual, pues pueden darse algunas circunstancias personales que hay que tener en cuenta y que pueden afectar tu decisión. En este sentido, puede ser interesante que te dirijas a tu párroco, o a un sacerdote de la congregación que te interese, o un sacerdote del seminario diocesano.

Primero, tenemos que entender que la vocación no es algo que de pronto se le ocurrió a Dios, como si de un día para otro haya caído en la cuenta que estás por terminar el bachillerato y tiene que inventar algo para que te entretengas. De ningún modo. Dios tiene un plan maravilloso sobre nuestras vidas, y lo ha estado pensando con amor eterno. A nosotros nos toca descubrirlo, y ahí es cuando percibimos nuestra vocación: todo parece encajar, aunque a veces duela. Pero hay una pequeña complicación: cuando Dios nos crea, no solo tiene en mente los dones naturales sino también los sobrenaturales (la gracia santificante, la fe, la esperanza, la caridad, los dones del Espíritu Santo) y nos los concede para que podamos realizar nuestra vocación. Lo que esto significa, en la práctica, es que, aunque seremos plenamente felices cuando encontramos nuestra vocación, no la podemos descubrir mirando solo a nuestros gustos y temores. Tenemos que tener en cuenta también lo que nos dice la fe, que Dios es un Padre que nos ama y quiere lo mejor para sus hijos. ¡Hay que ejercitar la fe, la confianza y el amor que has recibido con el bautismo!

Para esto, necesitamos la ayuda de un director espiritual. Cristo le dijo a Pedro que lo que Él pedía a sus seguidores era imposible para los hombres, pero posible para Dios. Por eso, Juan Pablo II nos repetía incesantemente que no debíamos tener miedo. Así pues, por una parte, tenemos que sobreponernos a nuestros temores y cálculos humanos cuando queremos descubrir nuestra vocación. Por otra, tenemos que tener presentes nuestros talentos y debilidades (la gracia de Dios perfecciona la naturaleza humana, pero no la destruye) y los anhelos espirituales que Dios pone en nuestro corazón. Por ejemplo, el hecho de que te quieras atender a las necesidades de la Iglesia local es un factor de mucho más peso en el discernimiento vocacional que el deseo de aprovechar la estabilidad del sacerdocio diocesano para estar más cerca de tu familia, amigos y ambiente.

Para terminar, quisiera abordar dos puntos más que aparecen en tu pregunta. Dices que una parte de ti quiere ingresar a una congregación para entregarte plenamente y otra quiere la estabilidad del sacerdocio diocesano. Para ser un sacerdote auténtico, diocesano o religioso, tienes que entregarte plenamente. Cristo es muy claro al respecto: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda sólo, pero si muere, dará mucho fruto. El sacerdocio diocesano es una dedicación completa a Jesucristo. He viajado mucho en los últimos años y convivido con muchos sacerdotes diocesanos que se levantan temprano cada mañana para hacer su oración fielmente, que enseñan y predican, que están disponibles para atender a un moribundo a cualquier hora de la noche, confiesan durante horas, entrenan a los laicos de sus parroquias para que les ayuden en los diversos aspectos de la pastoral, que sufren con los que sufren, y que son felices incluso cuando tienen un fuerte dolor de cabeza para hacer que la caritas parroquial funcione. No podría escribir todo lo que hacen por amor a Cristo, a su sacerdocio y a sus fieles. En relación a la estabilidad, hay dos tipos de estabilidad: una es el estar más o menos en una misma zona geográfica, la otra, es la estabilidad de una comunidad, su espiritualidad y su apoyo.

Sinceramente, Paco, creo que lo que más necesitas es hablar de corazón a Corazón con Jesús. Uno de los mejores momentos es justo después de la comunión, pero también puedes visitarlo en cualquier momento del día en el Sagrario, o incluso hablar con Él en tu intimidad, en donde está presente por la gracia santificante. Pregúntale con sencillez cómo puedes amarlo y servirlo más, qué tipo de dedicación total a su amor espera Él de ti, si sacerdote diocesano o religioso. Reflexiona con Él sobre las necesidades de la Iglesia y de la humanidad y percibe cuáles son las que más eco encuentran en tu corazón. No tengas miedo de visitar el seminario diocesano o casas de religiosos para conocer mejor. Y sobre todo, busca un buen y santo director espiritual, para que tengas el apoyo de un guía experto para caminar por los senderos del Espíritu.

Que María, Madre de los sacerdotes, te acompañe en tu búsqueda y te lleve a dar un sí confiado como el suyo.

¿Qué tipo de señales tengo que pedir a Dios?

Mariela pregunta:

Me han dicho que para discernir mi vocación tengo que ver las señales de Dios. Llevo un buen tiempo pidiéndole algún signo, pero no sucede nada… la inquietud sigue en mi interior, pero no estoy segura. Y lo que le pido, no sucede… ¿Que tipo de señales debo pedir al Señor?

Estimada Mariela,

Creo que el problema está en el tipo de señales que estás pidiendo. Si esperas que se te aparezca un ángel, o que Dios te envíe un E-mail… creo que nunca llegará tu señal, salvo que Dios quiera obrar de manera extraordinaria.

De manea ordinaria Dios llama través de “causas segundas”, es decir, un buen ejemplo, un testimonio, una lectura, una inquietud por consagrar tu vida que no logras desechar y que descubres que Alguien (con mayúscula) plantó en tu corazón. Por eso, más que pedirle pequeños “milagros” o cosas espectaculares, pídele que te enseñe a orar, a descubrir si tienes las aptitudes y cualidades para ser consagrada o religiosa…

Mucho te puede ayudar tener un orientador espiritual, quizás de la comunidad a la que te sientes atraída, o tu párroco, u otro sacerdote de confianza.

Te recomiendo, finalmente, que más que pedirle pruebas a Dios, le firmes un cheque en blanco y que hagas lo que dice más amor. Creo que siempre es mejor arriesgarse a equivocarse por generosidad que por cobardía.

Por favor, no dejes de rezar por las vocaciones. Con mi bendición.

¿Qué tests psicológicos se necesitan para entrar al seminario?

Mauricio pregunta:

Soy un joven que está a la mitad de su carrera universitaria pero, si Dios quiere, voy a dejarlo todo para entrar al seminario diocesano. He visto en alguna otra pregunta que Ud. menciona que hay que hacer algunos exámenes psicológicos. Aunque no soy ningún neurótico ni psicópata, esto me da algo de miedo. ¿Me puede decir más o menos con qué me voy a encontrar? Por favor, rece para que sea fiel a Cristo.

Querido Mauricio,

Por tu pregunta parece que eres un chico como todos los demás que entran a un seminario: simplemente normal. Probablemente tienes buena salud, tienes una estabilidad emocional adecuada a tu edad, gozas de una inteligencia suficiente para llevar adelante estudios universitarios… No obstante, al entrar al seminario te pedirán un certificado médico que atestigüe tu buena salud, certificados de estudios, etc. Lo único que confirman es lo que es evidente para cualquier persona que te conoce. Los tests psicológicos van en la misma dirección.

Por lo general los tests consisten en varios “inventarios” de personalidad como los que se aplican en cualquier departamento de recursos humanos o incluso en universidades y una entrevista con un psicólogo que versará, principalmente, sobre los datos arrojados por los tests escritos. Pero puedes olvidarte del diván y el reloj de cadena para hipnotizarte y tratar de penetrar en lo más profundo de tu subconsciente.

Los psicólogos que ayudan en los procesos de admisión en los seminarios son -tal y como recomienda la Iglesia- personas de fe que dan una amplia cabida a la gracia de Dios. Quizás pongan un interés especial en aspectos de la vida moral, pero si tú has estado luchando por vivir tu fe, no habrá nada que te tome por sorpresa. Espero que esto te ayude. De verdad te encomendaré mucho. Por favor, mantenme al tanto de cómo va tu formación.

 

¿Qué pasos concretos debo dar para entrar al seminario?

Pablo pregunta:   

Soy un chico de 20 años, universitario. Después de muchas luchas interiores finalmente he aceptado que Dios me está llamando a ser sacerdote. Pero ahora no sé cuál es el siguiente paso. ¿Qué hago para entrar al seminario?

Pablo,

Felicidades por la gracia que has recibido de poder aceptar el llamado de Dios y querer ponerlo por obra. Sin duda la sensación de haber ya dado un «sí» a la voluntad de Dios te ha traído paz, pero ahora se te presenta la interrogante del «¿y ahora qué tengo que hacer»?

Lo primero que te recomiendo que hagas es que hables de tu decisión, de tus inquietudes y de tu posible vocación con un sacerdote de tu confianza. Puede ser tu párroco u otro sacerote que conozcas. Si no conoces a ninguno, puedes también buscar en el sitio de internet de tu diócesis (o del la congregación u orden religiosa a la que crees que Dios te puede estar llamando) y ver quién es el encargado de vocaciones. Puedes hacer una cita con él y hablar con él.

Esta persona te podrá indicar los pasos concretos que deberías dar, los documentos que tienes que presentar para ser admitido al seminario, si hay algún curso introductorio o de discernimiento, etc.

Creo que es importante que también te informes del plan de estudios, de las normas disciplinares del seminario, etc. para que puedas comunicarlas también a tus padres.

Un punto importante, también, es que informes a tu familia de esta inquietud y decisión tuya, si es que no lo has hecho, para que ellos también puedan asimilar la noticia, apoyarte con su oración y aliento, y también agradecer contigo a Dios ante un don tan grande, aunque su corazón de padres pueda sufrir un poco.

Finalmente, te invito a que encomiendes tu camino a María para que ella te guíe en esta etapa final antes de tu ingreso al seminario.

Cuenta con mis oraciones.

¿Qué pasa con las personas que tienen una discapacidad y quieren entrar a la vida religiosa?

Maribel pregunta:

¡Hola Padre!

Me he estado preguntando si una persona que tiene alguna discapacidad física puede ser religiosa. Si no, ¿qué pasa con esa inquietud que a veces se siente de una mayor entrega al Señor?

Muy querida Maribel,

Gracias por tu pregunta. Sin duda que Cristo muestra un amor muy especial por todos los pobres, los enfermos y todas las personas que sufren y por ello, una persona que está en estas circunstancias está ya, unida a nuestro Señor, haciendo un gran apostolado y elevando un canto de amor a Jesucristo, por tanta gente que no lo conoce o no lo ama.

Respecto a la posibilidad de que una persona con discapacidad pueda formar parte de una comunidad religiosa, tengo que decirte que cada familia religiosa tiene diversos requerimientos. Lo importante es que esta discapacidad no constituya un obstáculo o dificultad insuperable para poder llevar adelante la vida propia de la congregación, orden o instituto. No se trata de una especie de discriminación, sino más bien de un acto de caridad para con estas personas, pues puede ser muy frustrante para ellas el no poder realizar aquello a lo que se han comprometido al emitir los votos.

Aquí el secreto está en tener presente que Dios no se contradice nunca. Si llama realmente a una persona a una misión, le dará todos los dones y cualidades para poder realizarla. Si, por algún motivo, se constata que no tiene las cualidades para ella, se puede afirmar con seguridad moral que no hay una verdadera vocación, aún y cuando la vida religiosa pueda resultar muy atractiva. Perdón por el ejemplo, pero a una chica puede atraerle mucho un joven, pero eso no garantiza que efectivamente están hechos el uno para el otro.

Pero para estar segura, te recomiendo que, si Dios ha querido bendecirte con la cruz de alguna discapacidad y tienes la inquietud de ser religiosa, investigues en la congregación concreta que pudiera admitirte. Si, por algún motivo, no encontraras una, puedes también recurrir a tu obispo y consagrarte como virgen consagrada, o incluso, simplemente ser una gran apóstol en tu parroquia y con el testimonio de tu vida.

Espero que esto te ayude y te de paz interior. Cuenta con mis oraciones y te pido las tuyas.

¿Qué es el noviciado?

Hilario pregunta:

Estimado Padre ,

Espero que esté bien. Estuve hablando con un hermano de La Salle sobre su vocación y una y otra vez me refería que el noviciado era una etapa muy hermosa. ¿Qué es exactamente el noviciado? ¿Es algo así como el seminario para los que no son sacerdotes?

Querido Hilario,

Gracias por tus buenos deseos. El noviciado es una primera etapa de la formación de las personas que ingresan a una orden o congregación religiosa, tanto masculinas como femeninas, como pueden ser los franciscanos, los dominicos, las hermanas de la caridad, las misioneras de la caridad, los hermanos maristas, los legionarios de Cristo o los carmelitas descalzos.

El noviciado es un período en el que, por lo general, el aspirante a la vida religiosa va conociendo mejor la vida dentro de esa orden o comunidad, el carisma, etc. Es también un tiempo en el que se profundiza en la vida espiritual, la vida de oración y sacramental, para que, dejando vanos formulismos — es decir, meras apariencias –, se prepare para hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia en esta familia religiosa.

En el caso de las congregaciones y órdenes masculinas, muchas de ellas tienen también sacerdotes religiosos, quienes, después de su noviciado, inician los estudios de preparación al sacerdocio (o los continúan, si fuera el caso).

El seminario diocesano, en cambio, es para preparar a los sacerdotes que pertenecen a una diócesis, y no a una familia religiosa.

Cuenta con mis oraciones.

¿Son el matrimonio y la vida religiosa vocaciones iguales o una es superior a la otra?

Arantxa pregunta:

Tengo un amigo que dice que todos tienen vocación a la vida religiosa y que los generosos la aceptan y que quienes han elegido otro camino de vida simplemente no han sido generosos.

¿Son el matrimonio y la vida religiosa vocaciones iguales o una es superior a la otra? ¿Cómo le muestro a este amigo que hay diferentes vocaciones y no sólo la vida religiosa? Gracias.

Querida Arantxa,

El matrimonio y la vida religiosa no son vocaciones equivalentes. De hecho son muy diversas entre sí, aunque complementarias. Hay razones para decir que la vida religiosa es un una vocación más elevada, pero hay que hacer contrapeso a esto con la certeza de que a quién más se la ha dado más se le pedirá. La santidad no es automática en ninguno de estos estados de vida, y depende mucho más del amor, de la generosidad con la que se cumple la voluntad de Dios en el día a día que del estado de vida al que nos llama Él.

Sobre la opinión de tu amigo temo que sencillamente esté equivocado al decir que todos tienen una vocación religiosa. La Iglesia siempre ha defendido la dignidad del matrimonio y de la santidad que se puede alcanzar en él y a través de él. Es verdad que San Pablo deseaba que todos fueran como él, célibes, para poder darse a Jesucristo sin ninguna distracción. Pero también San Pablo describe en la carta a los Efesios cómo el matrimonio es un reflejo del amor de Cristo a la Iglesia y en otras cartas de recordar a los cristianos cómo están llamados a ser santos, distinguirse de los paganos y vivir el ideal de matrimonio que Cristo nos ha presentado, etc.

No creo que tu amigo haya leído suficientemente las explicaciones de Juan Pablo II sobre el amor y el matrimonio ni sus catequesis de los miércoles sobre la teología del cuerpo.

Además, te puedo decir que conozco a muchas personas, de ambos sexos, que han sido lo suficientemente generosos para darle a Dios la primera oportunidad e intentar seguirle en la vida religiosa y que han descubierto que ése no era su camino por motivos que definitivamente no eran por falta de generosidad. Cristo mismo dijo al endemoniado de Gerasa, después de haberlo curado, que volviera a su casa, aún y cuando este hombre quería dejarlo todo para seguirle. Si él estuviera llamado a la vida religiosa, ¿no habría Cristo sido injusto encaminándolo en otra dirección?

Aunque podríamos seguir escribiendo motivos, creo que esto te puede ayudar para responder a tu amigo. Aunque es un poco más técnico te puede servir mucho leer la Constitución Apostólica Lumen Gentium del Vaticano II, sobre todo la parte sobre El Pueblo de Dios y también el Catecismo de la Iglesia Católica en el apartado sobre la Iglesia.