FAQ castidad

¿Un hombre que quiere entrar al seminario tiene que ser virgen?

Luis pregunta:

Desde hace tiempo estoy pensando consagrar mi vida a Dios, quizás como sacerdote. Sin embargo, no soy virgen. ¿Puedo de todos modos consagrar mi vida a Dios?

Estimado Luis,

Cualquier hombre que quiere entrar al seminario o consagrar su vida a Dios tiene que estar dispuesto y debe, con la ayuda de Dios, ser capaz de vivir el celibato. Quien ha perdido su virginidad tiene que preguntarse a sí mismo qué fue lo que lo provocó.

Para entrar al seminario es indispensable que decida llevar una vida casta y célibe. Sin embargo, esto no es suficiente, pues debe tener algunas “garantías” de que, con la gracia de Dios, podrá ser fiel y coherente con este compromiso que asume libremente. Por lo tanto, debe estar dispuesto a poner todos los medios para ser fiel a esta opción, como son la oración, la vida sacramental, el dominio de sí mismo, la vigilancia, el sacrificio, una visión sana y cristiana de la vida, (de la sexualidad, del matrimonio, etc.)

También tiene que verse a sí mismo como es realmente, para descubrir si será capaz de llevar una vida célibe con la ayuda de Dios. Por ejemplo, un joven que tuvo una caída aislada, por debilidad, hace tiempo, es muy diferente de alguien que hasta hace poco se ha visto asediado por mil dificultades, concesiones y caídas concientes en este campo.

Cuenta con mis oraciones.

¿Son mis pecados señal de que no tengo vocación?

Alex pregunta:

Estoy confundido y un poco triste. Desde hace un tiempo he estado pensando que quizás Dios quiere que yo sea sacerdote, pero tengo algunos problemas. He hecho algunas cosas malas (que nadie conoce). He usado Internet para ver imágenes malas y he cometido también actos impuros como consecuencia. Me he confesado, pero no dejo de hacerlo. No sé porqué. Pero me pregunto si esto no es un signo claro de que Dios no quiere que sea sacerdote.

Querido Alex,

Nuestra debilidad en el campo de nuestras tendencias sexuales puede ser humillante. Especialmente si sabemos que algo está mal pero no logramos entender por qué, si sabemos que está mal, ni podemos superarlo o resolverlo.

El hecho es que somos débiles. Es también un hecho que el demonio nos tienta. Es además un hecho que la posibilidad de acceder tan fácilmente y en privado a material inconveniente en Internet hace que nuestra debilidad sea más evidente. También hay que tomar en cuenta lo agresivo que es el ambiente de un mundo obsesionado por el sexo. ¿Cómo podemos vivir nuestra sexualidad según el plan de Dios?

Gracias a Dios, hay algunas cosas que puedes hacer.

En primer lugar, tienes que rezar y hacerlo bien. Dile a Dios por qué necesitas su ayuda. Cada vez que oras, o que vas a Misa y a la comunión, dile que eres muy débil para poder corregir por tus propias fuerzas tu problema. Necesitas su ayuda. Dile que lo necesitas para cambiarte en tu interior para que quieras lo que está bien y no sólo sepas qué es lo que está bien.

También es muy recomendable que tengas un buen director espiritual y un confesor al que acudas de manera ordinaria. Háblale con claridad del tipo de problema por el que estás pasando. Quizás te cueste al inicio, por lo que si te resulta muy difícil decirlo, escríbelo y que él lo lea. Dile que eso es lo que quisieras decir pero no puedes. Una vez que das ese primer paso, las cosas serán más fáciles.

Lo tercero que debes hacer es establecer con él un sistema para ver si vas progresando. Si la causa principal de nuestras caídas es nuestra debilidad, tenemos que tener algo que nos ayude a mantenernos a flote. Por ello, te recomiendo que seas muy concreto y que de centres en aquello que hará la diferencia: el tipo de páginas de Internet que visitas, con quién entras al internet, el tipo de mensajes que recibes, etc. Primero ocúpate de este aspecto. Después atiende a otros puntos, como tus pensamientos, etc. Hay que ir a las causas que suscitan tu debilidad.

Es recomendable que eches un vistazo a tus actividades, en qué ocupas tu tiempo. Asegúrate que hay una buena mezcla de actividades a lo largo del día: escuela, deporte, trabajo, oración, aficiones y actividades en equipo (por ejemplo un equipo de deportes, o en tu parroquia, o un grupo de música), etc. Cuanto más tiempo estés solo delante del monitor, será más probable que cedas a la tentación. Encuentra buenos amigos. Haced juntos cosas que valgan la pena. Mantente ocupado. Gran parte del problema está en tu cabeza, y frecuentemente lo que necesitas es un poco de oxígeno.

Estos son unos puntos para empezar. Por lo que me dices, parece que te has metido en algunos líos Seguramente requerirás una buena dosis de esfuerzo para salir, pero estoy seguro de que con la ayuda de Dios podrás superarlo y vivir como tú y Dios siempre habéis soñado. Tu director espiritual te ayudará mucho.

Cuenta con mis oraciones a la Santísima Virgen María.

¿Si tengo una caída en la castidad debo dar por concluido mi proceso de discernimiento vocacional?

Mario pregunta:

Padre Ricardo,

Soy un chico de 20 años y estoy en un proceso de discernimiento vocacional. Hace poco me dijo un amigo que basta tener una caída en el campo de la castidad para que sea mejor dejar de discernir la propia vocación al sacerdocio al menos por unos años. Yo no soy un ángel, e intento vivir castamente, pero a veces tengo mis caídas. ¿Es cierto que ya estaría vedado para mí el sacerdocio?

Muy querido Mario,

Gracias por tu pregunta. En primer lugar hay que decir que una persona no debe “tirar la toalla” en un proceso de discernimiento vocacional porque ha cometido un pecado. Lo que hay que hacer es arrepentirse sinceramente, pedir perdón a Dios en la confesión y seguir adelante con más humildad y más confianza.

Creo también, Mario, que hay que tener presente que el don de nuestra sexualidad es un gran regalo que Dios nos ha hecho y que, por lo mismo, no hay que verla como si fuera mala o, simplemente, un enemigo a vencer. Es verdad que, por el pecado original, hay en nosotros una especie de guerra civil por la que las pasiones a veces se rebelan y nos proponen hacer cosas que son contrarias al plan de Dios. Pero si vigilamos y oramos podemos vivir con alegría y serenidad nuestra masculinidad con todo lo que ella implica en el campo afectivo, psicológico, fisiológico, etc. como vemos en tantos hombres casados y célibes que son santos.

Nuestros pecados concretos nos pueden ayudar mucho a conocernos mejor y a percatarnos de lo frágiles que somos, pero nunca deben ser fuente de desaliento. Más bien nos muestran que tenemos que esforzarnos y trabajar duro para poder seguir fielmente a Cristo según nuestra vocación y, también, para caer en la cuenta de que podemos en un momento decirle a Cristo que lo amamos para venderlo al día siguiente y traicionarlo. De aquí se sacan lecciones muy valiosas.

Ahora bien, en el campo de los pecados contra la castidad, antes de meter al frigorífico o dar por concluido un proceso de discernimiento vocacional hay que tener en cuenta varios factores: el tipo de pecado cometido, si fue una cosa aislada o es un hábito contra el que estás luchando (o contra el que no estás luchando), las circunstancias que lo propiciaron, las consecuencias que pueden seguirse de él, etc. Para no errar, conviene que hables con franqueza y claridad con un buen confesor o director espiritual. Él te sabrá aconsejar convenientemente para seguir buscando tu vocación. Aquí quizás los amigos no sean los mejores consejeros, pues, aunque tienen una buena voluntad enorme por lo general, no siempre tienen la experiencia necesaria para ayudarte.

Como regla general, si tienes un hábito de pecado muy arraigado, quizás convendría hacer un trabajo más serio por resolverlo antes de emprender el camino del sacerdocio. Si en cambio se trata de una falta tonta y aislada, quizás puedas recuperarte más rápidamente y además crecer en la humildad. Pero, nuevamente, la ayuda de tu confesor o de un director espiritual serán decisivos para no errar el camino.

En tu lucha por la pureza, no dejes de encomendarte a María y acercarte a la confesión y a la Eucaristía para fortalecerte para la lucha y vencer.

Semper altius!

¿Renunciar al matrimonio?

Mariana pregunta:

A veces estoy totalmente convencida de que lo que realmente quiero para mí es entregarle toda mi vida a Dios a través de la opción por la vida religiosa, pero a veces me da miedo, o quizás “nostalgia”, el hecho de tener que renunciar a la vida en matrimonio… ¿es normal que esto me suceda? ¿o es que realmente la vida consagrada no es lo mío?

Te puedo decir que es muy normal que tengas dudas o temores de diversa índole como lo que mencionas de tener que renunciar al matrimonio. Pero estas dudas y temores no deben alejarnos de buscar cumplir con la voluntad de Dios. Es decir, lo más importante en nuestra vida debe ser el buscar hacer lo que Dios nos pide porque ahí está el secreto de nuestra propia felicidad. Dios que nos ama tanto, a cada uno de nosotros nos prepara un camino, y eso es precisamente la vocación. La vocación es ese camino que Dios nos prepara para ser felices. Y si Dios te llama para seguirle, ahí serás muy feliz, Mariana. Pídele fortaleza a Dios para seguir lo que Él te pide. También pídele mucha luz para que puedas ver con mayor claridad lo que quiere para ti.

¿Qué puedo hacer para ser casto?

Jorge Eduardo pregunta:

Últimamente he estado pensando mucho en el sacerdocio. Sin embargo, todavía tiendo a pecar contra mi cuerpo. Algunos dicen que estos actos egoístas para buscar el placer son parte del crecimiento y que son algo normal, pues el cuerpo está lleno de hormonas y las pasiones surgen con cierta violencia. Un amigo me confió que un sacerdote le había dicho que la masturbación no era pecado si no abusamos de ella ni dañamos a nadie en el proceso. Es verdad que uno se siente menos nervioso después de hacerlo, pero sigo convencido de que está mal. ¿Cómo puedo superar esto? ¿Cómo logra un sacerdote vivir su pureza corporal? Estas preguntas son el tipo de temas que por lo general se evita en las homilías Sé que la oración es muy importante y que mantenerse permanentemente ocupado ayuda, pero, además de esto, ¿qué puedo hacer para ser casto?

Muy querido Jorge Eduardo,

Primero veamos si el consejo que recibió tu amigo coincide con lo que la Iglesia enseña, y después pasamos a algunos puntos prácticos.

El Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2352) nos dice que «el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles (por ejemplo, tú sigues convencido de que está mal aún no obstante lo que te dijo tu amigo), han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado. El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine».

Esto quiere decir que la masturbación en sí misma es materia grave. Pero para que haya un pecado mortal, además de la materia grave se requiere pleno conocimiento y pleno consentimiento. El Catecismo dice que para juzgar la responsabilidad moral del individuo (y por lo tanto, la gravedad del pecado que comete) « ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral».

¿Y qué debes hacer desde aquí? Creo que en primer lugar tienes que darte cuenta que tienes dos grandes puntos a tu favor. Primero, tu conciencia funciona, pues sabes lo que está bien y lo que está mal y no te inventas excusas para justificarte, y segundo, quieres cambiar. Esto es determinante.

En segundo lugar, tienes que aceptar que estás luchando contra un hábito que tiene que ver con instintos profundos que son parte de nuestra naturaleza humana. Así que el cambio no se dará ordinariamente en un abrir y cerrar de ojos: requerirá paciencia Pero no una paciencia pasiva, que no hace nada, sino más bien un propósito firme, renovado cada día de trabajar, sabiendo que el progreso quizás tarde más de lo que quisieras. En cierta forma, estas reconstruyendo el hombre que eres.

En tercer lugar tienes que ver la belleza de lo que quieres ser. Independientemente de lo que Dios quiere quiera que seas: esposo y padre, o sacerdote, tú quieres ser puro, dueño de ti mismo, capaz de entregarte totalmente y ser lo mejor que puedas para la persona o la Persona a quien entregarás tu vida. Ten fresco delante de los ojos el ideal y lucha por conquistarlo: un esposo y padre fuerte y fiel; un sacerdote fuerte y fiel.

Ahora pasamos a algunas cosas prácticas. Con cierta frecuencia un chico ha adquirido el hábito de la masturbación antes de darse cuenta de que está mal, así que tiene que vencer un hábito. Un hábito se forma repitiendo ciertas acciones, y se vence sustituyéndolas con otras acciones. Lo que puede ser frustrante de los hábitos es que los hacemos sin pensar, y cuando nos damos cuenta de ello ya hemos hecho lo que queríamos evitar. Es como una persona que quiere quitarse un tic nunca sucede de un día para otro. Cada vez que te detienes antes de ceder a tus pasiones, cada vez evitas las ocasiones, te vas acercando a formar el hábito de la pureza y del dominio de ti mismo. Tienes que pensar más en estos pequeños pasos positivos que en tus fallos.

Haciendo esto, empezarás a reducir la frecuencia de tus caídas. Junto a esto, tienes que asegurarte que reduces tu contacto o evitas lo que puede estimular tus pasiones (lo que lees y observas, las conversaciones con tus amigos, lo que piensas, las páginas de Internet que visitas)

Y sobre todo, debes asegúrate que no te obsesionas con el problema. Aprende a mandar a volar la tentación y poner tu mente en otras cosas; asegúrate que tu vida es saludable, con suficiente ejercicio, buenas amistades. No hagas cosas que podrían ponerte en una situación de depresión, melancolía, tristeza. Evita la pereza o el no hacer nada.

En todo este esfuerzo, es decisivo que no luches solo. Pide a Dios su ayuda. Acércate frecuentemente a la confesión, participa en la Misa incluso entre semana y recibe a Cristo en la comunión. Confía tu pureza a María y, sobre todo, busca conocer a Jesucristo y corresponder a su amistad.

Que Dios te bendiga.

¿Qué es la castidad?

Luis Patricio pregunta:

Padre, soy un joven de 17 años que estudio en un colegio católico. Estuve en una ceremonia en la que unos hermanos que trabajan en mi escuela hicieron sus votos de pobreza, castidad y obediencia para toda la vida. Lo de la obediencia y la pobreza lo tengo más o menos claro. Pero, ¿la castidad? ¿No es algo que tenemos que vivir todos (a mí me cuesta, pero lucho, me siento mal cuando caigo, pero siempre me levanto)? ¿Me puede aclarar qué es la castidad?

Muy querido Luis Patricio,

Tienes toda la razón al decir que la castidad es una virtud que tenemos que vivir todos y no sólo las personas consagradas a Dios. Lo que estos religiosos han hecho es comprometerse ante Dios y ante la Iglesia el vivir la virtud de la castidad como religiosos, es decir, renunciando por amor a Dios a formar una propia familia y a entregar su corazón al Señor y a todos los hermanos y buscando amar a Dios sobre todas las cosas con un amor exclusivo y fiel. Es la castidad consagrada.

La castidad, como nos recuerda el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica en el n. 488 es la positiva integración de la sexualidad en la persona. Es decir, la vivencia de nuestro ser varones o mujeres según el plan de Dios y de modo verdaderamente humano. Es decir, es la virtud que nos ayuda a amar a nuestros semejantes desde nuestra condición de hombres o mujeres, y relacionarnos con ellos con nuestro corazón, con nuestra mente y nuestra corporeidad.

La virtud de la castidad supone la adquisición del dominio de sí mismo, como expresión de libertad humana destinada al don de uno mismo a los demás. Tú hablas de tus luchas, y precisamente de esto se trata: de aprender a que no sean tus instintos los que tengan la última palabra, sino de humanizarlos plenamente haciendo que sigan la inteligencia y la voluntad libre. Para alcanzar la vivencia de la castidad es necesaria una integral y permanente educación, que se realiza en etapas graduales de crecimiento, según vamos madurando.

Como bien anotas, todos todos, siguiendo a Cristo modelo de castidad, están llamados a llevar una vida casta según el propio estado de vida: unos viviendo en la virginidad o en el celibato consagrado, modo eminente de dedicarse más fácilmente a Dios, con corazón indiviso; otros, si están casados, viviendo la castidad conyugal; los no casados, practicando la castidad en la continencia.

Son pecados gravemente contrarios a la castidad, cada uno según la naturaleza del propio objeto: el adulterio, la masturbación, la fornicación, la pornografía, la prostitución, el estupro o violación de una persona y los actos homosexuales. Estos pecados son expresión del vicio de la lujuria. Si se cometen con menores, estos actos son un atentado aún más grave contra su integridad física y moral.

Son numerosos los medios de que disponemos para vivir la castidad: la gracia de Dios, la ayuda de los sacramentos, la oración, el conocimiento de uno mismo, la práctica de una ascesis adaptada a las diversas situaciones y el ejercicio de las virtudes morales, en particular de la virtud de la templanza, que busca que la razón sea la guía de las pasiones. También el sacrificio y la abnegación en cosas buenas y lícitas, pero a veces superfluas, puede ser de gran ayuda.

Pero recuerda, la castidad no es cuestión de no hacer ciertas cosas malas. Es sobre todo cuestión de amar, de querer entregarte con corazón indiviso a otra persona, para siempre, cuando llegue el momento, y no irte entregando “en pedazos”, que sólo te daña a ti y a los demás, o a buscarte sólo a ti mismo de manera egoísta.

Que María, la Virgen Purísima, te ayude a amar esta virtud de la castidad y, sobre todo, te de la valentía para amar a Dios sobre todas las cosas.

¿Puedo vivir la castidad durante toda mi vida?

Kelo pregunta:

Hola, P. Ricardo,

Después de una plática en un retiro he sentido que Dios me llama a consagrarme a él. Me da un poco de miedo, pero no quiero responderle a Cristo con un no. Sin embargo, me inquieta un poco el hecho que me cueste mucho vivir la castidad. No me puedo imaginar que un día tenga el Cuerpo de Cristo en mis manos siendo que con facilidad cometo actos impuros yo solo y no logro superar este defecto. ¿Cómo puedo vivir la castidad para responder al llamado de Dios?

Estimado Kelo,

Te felicito sinceramente por tu deseo de responderle a Jesucristo y, al mismo tiempo, por tu valentía para afrontar el tema tan delicado de la coherencia en el seguimiento del Señor. Sin duda es una excelente señal que quieras vivir de manera digna del llamado que perciben en tu interior, pero incluso digna de tu condición de cristiano, que es por el bautismo un templo del Espíritu Santo.

Me preguntas cómo puedes vencer las tentaciones de faltar al respeto a tu cuerpo para emprender el camino del sacerdocio. Quizás te pueda ayudar una imagen que se encuentra en la basílica de San Francisco, en la ciudad de Asís, en Italia:

En ella hay una torre blanca, con una mujer muy hermosa arriba. La torre está rodeada por una muralla, en la que están apostados dos arqueros. Alrededor de la muralla hay un foso, con su clásico puente levadiso y dos soladados de barbas blancas con las espadas desenvainadas. Este fresco, según me explicó un día un fraile, representa la castidad.

Se trata de una virtud muy hermosa y positiva, que hay que vivir con intensidad, pero que también hay que proteger. Por ello está en una torre, y cuando ve desde lejos que viene una tentación (no es verdad que es relativamente fácil darse cuenta de cuando se aproxima una dificultad: imagen, pensamiento, deseo, etc.), avisa y pone en acción a los arqueros, quienes empiezan a disparar al enemigo mientras éste se encuentra lejos. Generalmente el enemigo sucumbe ahí.

Si los arqueros fallan, todavía están los soldados, que tienen la barba blanca porque han peleado muchas batallas… Pero si los soldados fallan y la tentación penetra la muralla, es decir, cuando ya has dialogado con la tentación, difícilmente la virtud podrá huir: ¡está en una torre de la que no hay escapatoria!

Así pues, para vivir la castidad, por una parte hay que vigilar y orar. Tú sabes cuándo te cuesta más vivir esta virtud. Tú conoces cuándo te suelen llegar las tentaciones… pues es entonces donde hay que poner a los arqueros a trabajar. No dialogues. Aquí el más valiente es el que huye.

Ésta es la parte negativa… Además está la parte positiva, que te lleva a amar a Cristo, amar a los demás, a entregarte plenamente a los demás, a tu misión…

Espero que esto te sirva en tu lucha por vivir esta virtud tan hermosa. Ciertamente, tentaciones seguirás teniendo, pero si tú te alimentas seguido de la Eucaristía, evitas las ocasiones de pecado, cultivas buenas amistades, buenas lecturas, ver cosas buenas, se te irá haciendo más fácil. Acude también frecuentemente a la confesión y, si te es posible, habla de estos temas con un buen director espiritual, quien te ayudará a prepararte para responder con valentía al llamado de Dios con esa coherencia que anhelas.

Te encomiendo a María, la Virgen Purísima, para que ella te acompañe en tu lucha por ser dueño de ti mismo y darte sin freno al amor de Cristo.

¿Puedo ser seminarista si me gustan mucho las mujeres?

Marco pregunta:

Padre,

Hace poco le escuché en una de sus misas dominicales. Y desde entonces he escuchado una voz en mi interior que me pide que le haga esta pregunta. Como no me atrevo todavía a hacerlo en persona, se lo hago por este medio…

Siento que Dios quiere que entre al seminario. No sé si tengo vocación al sacerdocio o no, pero Dios quiere que dé este paso para discernir. Sólo que hay un problema… ¿puedo ser seminarista si me gustan mucho las mujeres? Si sirve la información, tengo 19 años.

Muchas gracias por su respuesta.

Muy querido Marco,

Gracias por enviarme esta nota. Me alegro que Dios nuestro Señor se valga de un pobre instrumento como somos todos los sacerdotes para hacer resonar en tu conciencia su voz.

Me parece que tu actitud es muy valiente y generosa, de darle a Dios siempre lo que él pida. Nunca te vas a arrepentir de tratar así con el Señor, porque Él nunca se deja ganar en generosidad. Pídele a María que te conserve este estilo de seguir a Cristo toda la vida.

Respecto a tu pregunta… Más bien sería desaconsejable que entraras al seminario si no te gustaran las mujeres. Dios llama a su santo servicio a hombres normales, con su corazón, mente, fuerza, pasiones, debilidades, etc. y un elemento muy importante de nuestra condición de varones es nuestra sexualidad y el atractivo por el sexo opuesto.

Naturalmente, el joven que recibe el llamado de Dios y lo acepta, debe ir encausando este atractivo y estas pasiones hacia un Amor más grande, para no limitarse a amar a una sola mujer y unos hijos, sino para amar a todos los hombres y mujeres como Cristo los amó, ejerciendo una auténtica paternidad espiritual.

Durante el período de formación en el seminario, el aspirante al sacerdocio debe consolidar y dar ciertas garantías de que podrá vivir una vida célibe y será fiel a su compromiso de castidad consagrada. Si un muchacho ve que no le será posible dar una orientación a sus pasiones de acuerdo con su vocación, es mejor que no dé el paso al sacerdocio. Pero si te gustan las mujeres, creo que puedes tener excelente madera para sacerdote.

Te encomiendo.